Ese extraño utensilio de cocina que protege de las salpicaduras y evita ensuciar de una forma muy desagradable el interior del microondas.
¿Pues sabes qué? Mucha gente no lo usa.
No sé lo que es normal hoy día, pero tenerlo evita tener limpiar a menudo el interior y simplemente limpias el protector. No sé qué es normal, pero a mí me parece práctico y resolutivo.
¿Qué es normal? Cada vez me sorprende más y más lo normal – aunque siempre me ha sorprendido –

Es normal quedar para hablar con uno o varios amigos e ir a un bar o a cenar… que bien. Es normal si no hubiera tantos ruidos, si la gente en esos lugares no tuviera un tono tan alto de voz que para ser oído por tus comensales cercanos debes todavía más subir el tono … y hacer que finalmente ese espacio de compartir se convierta en una lucha por hacerte oír. Eso considerando que lo normal es escuchar al que habla más fuerte, aunque interrumpa, que el chistoso habitualmente charlatán se apodere de los espacios de charla y sea un monólogo tan solo interrumpido por algún que otro redondeo de humor. Es normal pues, que los espacios de compartir con amigos sean en ambientes donde lo que te ocurre por dentro no pueda salir fuera, donde los que aguardamos nuestro turno para hablar no tengamos oportunidad o será que expresar lo superfluo es lo normal.
No sé qué es normal, pero dejar que los perros dejen sus orines y otros, en la calle, por donde andamos todos, es normal. Es normal que tengas que ir esquivando charcos mal olientes y excrementos que no son de nadie, cuyos propietarios – del perro – disimulan no haber visto el quehacer de su mascota. Y es normal que te vengan a lamer o más normal te saluden tirándose encima de ti… porque lo normal es llevarlo sin atar “no hace nada” y como otras cosas, las propias no te huelen mal.
Es normal, que en los bosques cada vez más secos circulen vehículos que deterioran los caminos prohibidos de circular, que las aguas fluviales vayan al mar con toda la carga de pueblos y gentes. Que los petróleos sigan quemando y las eléctricas no den abasto para todo nuestro consumo, porque es normal que los países más ricos consuman más recursos del planeta que los menos afortunados. Es normal que las personas agresivas consigan más poder, para dañar más al prójimo en beneficio propio.
Es normal, que las guerras tanto vecinales como mundiales sean para conseguir más quitando a los demás. Es normal, que el beneficio sea en nombre del bien común y se apoderen los que más tienen. Al igual que es normal que los que no quieren pagar, se apoderen de lo que es de quienes han pagado y digan que es por el sistema que los oprime. Es normal perder fe cuando miras las noticias, normal querer meditar o morir para desconectar, de un mundo cruel que siempre lo ha sido y que así seguirá.
Es normal que los enfermos minoritarios no encuentren cura porque no sale a cuenta en las cuentas de quienes podrían mejorar calidad de vida.
Es normal que las enfermedades se expandan y que los sanos terminen enloqueciendo. Es normal rellenar con frases hechas, ocio sin pausa y consejos vacuos, el vacío lleno de falta de sentido.

Es normal no creer en la espiritualidad cuando los religiosos se ven deshonestos, pero uno se plantea si es normal tenerla cuando la muerte acecha. Es normal, ser invisible cuando chillas lágrimas interiores, pues lo normal es chillar de odio y buscar culpables fuera.
Es normal una sociedad cada vez más desequilibrada cuando nuestros antepasados en gran mayoría tenían muchísimo menos y necesitaban más pan que abrazos y más zapatos que amor. Y hoy con zapatos mensuales y docenas de variedades de pan, hay un amor “normal” y abrazos con poco sentido.
Es normal un planeta que deteriora, que no pide y da y al que debemos todo.
Es normal no usar protector de microondas.
Ferran Cardona



