El proceso de transformación del corazón puede ser difícil, porque al abrirlo es inevitable que encontremos nuestro dolor y percibamos más el dolor de los demás.
De hecho, gran parte de nuestra personalidad tiene por finalidad evitarnos experimentar ese sufrimiento. Cerramos el corazón a la sensibilidad para no sentir el sufrimiento y poder continuar con nuestras actividades, pero nunca logramos evitar totalmente el dolor; con frecuencia lo percibimos justo lo suficiente para sentirnos desgraciados y hacer desgraciados a todos los que nos rodean.
Si no estamos dispuestos a experimentar nuestras aflicciones estas nunca sanarán. Acallar el dolor nos impide sentir alegría, compasión, amor y cualquier otra capacidad del corazón.
El trabajo espiritual no tiene por fin hacernos masoquistas; la idea es transformar nuestro sufrimiento, no prolongarlo. No hay para qué añadir más sufrimientos; lo que necesitamos es explorar las raíces, las causas del sufrimiento que ya tenemos.
Hemos de mirar bajo las defensas de la personalidad y explorar los miedos y las heridas que nos gobiernan. Cuanto más sufrimientos acarreamos del pasado, más rígidas y controladoras son las estructuras de nuestra personalidad; pero estas no son invencibles.
Y a pesar de lo que podríamos creer, es posible aliviar la aflicción, por grave que sea, si estamos dispuestos a explorarla un poco más de tiempo.
Extracto de “la sabiduría del eneagrama” D.R.Riso y R.Hudson
Ferran Cardona, experto en Terapia Emocional .



