A menudo, la pretensión de que el mundo cambie, es complicada de conseguir aún con nuestras “mejores intenciones”. Prueba de ello se ve en el estado de nuestro entorno cercano: familia, relaciones de parejas, dificultad en ser “buen” padre/madre, jefes/dirigentes, uso e inversión del dinero, antidepresión, soledad, moving/bullying,…
Cada persona es como es, y en esta sociedad del placer, del tener, del ir rápido y del hacer según me plazca con lo mío, consideramos que los demás, y si hacemos buen acto de conciencia de nosotros mismos, cometen y cometemos errores, pues es el Ego quien establece lo imperfecto (“malo, no lo quiero, no me gusta, me molesta…” dice el ego) a lo perfecto (“esperado, deseado, me agrada…” se enorgullece).
Dada la irrefutable permanencia del Ego y por tanto la intrínseca imperfección en el ser humano, en cada uno de nosotros, podemos elaborarnos, trabajar hacia una mayor toma de conciencia de Si, de autoconocernos más y mejor y reconocernos fieles a todo lo que somos, a los fallos que cometemos así como a las múltiples cualidades que poseemos y que a veces incluso nos cuesta reconocer en nosotros. Somos mucho más de lo que «creemos» ser. La autoestima priva (en carencia) o permite (en abundancia) que esas cualidades y errores puedan ser manifestadas en nosotros en mayor o menor medida.
Se extiende entonces esta dificultad de reconocimiento de lo que uno es, a la dificultad de conseguir el deseado “cambiar a las personas” (humanas) que nos rodean y al mundo en general.
Sólo podemos pues tomar conciencia, auto-reconocer-nos y reconocer al otro, al mundo, para aceptarnos, para aceptarlo, para AMAR las cosas que SON, así como son, con sus cualidades y defectos. A eso tradicionalmente se le ha llamado el Perdón; si alguna vez lo has conseguido, sabrás que no es tan solo al otro, sino a tu propia esencia a quien liberas con ello.
Lo divino se produce cuando al empezar a amar lo que Sí ES, eso, tan solo eso, empieza a hacer que, lo que parecía tan complicado al inicio, se resuelva en algo tan deseado como sagrado: que el mundo cambie, por que tu eres quien empieza a cambiar, amándolo cómo es.
«Te deseo mucho amor hacia ti, que aprendas a quererte de veras con mucha conciencia, con mucho autoconocimiento…. para disfrutarte de una vida más plena, más maravillosa, alegre y sabia, por lo que ella en si es, con amor hacia los demás, para que a través de ti y de tu amor, el mundo cambie.”
Ferran Cardona – deseos del solsticio de invierno 2016 hacia el 2017



