Del latín Resiliere, la resiliencia es la capacidad que tienen algunos cuerpos de adaptarse a los impactos y salir de ellos sin alteración alguna. Esto por ejemplo sucede con los muelles (de la cama, del coche…), las camas elásticas o las pelotas de goma o de futbol, cuyo cuerpo se adapta al impacto recibido y se restituye sin mayor problema.
Para los seres humanos, sería la misma capacidad y se le añade el concepto de que al salir del efecto de choque o de transformación, uno sale con un aprendizaje o cambio adquirido en su vida. Por ejemplo, cuando añaden un badén al camino hacia tu trabajo, después del primer tropiezo ya aprendes que ahí está ese nuevo «obstáculo». Después de una separación de pareja, aprendes a elegir el compañero/a desde otros parámetros que antes no considerabas igual. O después de una enfermedad o muerte cercana, aprendemos a relativizar la vida y a menudo a vivirla de forma diferente.
DEFINICIÓN: Llamamos Resiliencia a los procesos dinámicos y propios del ser humano a través de los cuales nos enfrentamos a las adversidades vitales, los superamos de manera adaptativa e incluso terminamos siendo transformados positivamente por ellos”.
ORIGEN: Desde la primera aparición del término hasta nuestros días, el concepto de Resiliencia se ha ido transformando y por tanto enriqueciéndose, gracias a las aportaciones de un nutrido grupo de expertos, interesados en describir y posteriormente promocionar una realidad incuestionable.
Así, lo que en un primer momento se consideró como una característica innata, que dotaba al individuo de un alto grado de invulnerabilidad, pasó a considerarse en la década de los 80 como una capacidad, lo cual atribuye una aptitud sobresaliente únicamente a aquellos que poseen o desarrollan dicha capacidad.
Todos tenemos esta capacidad que a su vez nunca está plenamente desarrollada, con práctica, voluntad y consciencia de sí, aprenderemos a ser más resilientes y a sobrellevar mejor los retos que la vida introduce en nuestra expectante experiencia vital.



