“Pregúntese cómo vivir más con menos”

Joshua Fields, renunció a su sueldo millonario de directivo para hacerse minimalista.

Tengo 40 años: clasifico cuanto poseo en esencial, no esencial y basura, que he aprendido a no comprar. Cada compra innecesaria revela una carencia en su vida: descúbrala. Soy americano: tenemos 300.000 objetos de media en casa. Publico «Ama a las personas; utiliza las cosas…Porque al revés no funciona»
Lluís Amiguet

La Contra de laVnguardia – 01/12/2021 00:00

Lo que no hace falta, sobra.
Sabrás que compras lo que no necesitas porque, casi inmediatamente después de comprado, volverás a sentir la necesidad de adquirir otro más grande, más caro, más bonito… Y es que esa adquisición innecesaria no cubre una necesidad material, sino una carencia de afecto, de reconocimiento, de un trabajo, tal vez, con sentido… Mientras no identifiques esa necesidad real sin cubrir, tenderás a cubrirla llenando tu casa de trastos innecesarios. Fields cuenta que un hogar medio americano tiene más de 300.000 objetos, clasificables en esenciales, no esenciales y un tercer grupo que denomina “basura”, donde merecería estar la mayor parte. Si distinguimos lo que de verdad falta en nuestras vidas, será muy fácil descubrir cuánto sobra y equilibrar nuestra existencia y nuestras finanzas.

 

El minimalismo era arte: ¿por qué lo convirtió en su modo de vida?

El minimalismo era solo artístico en los sesenta; pero enseguida se transformó también en un estilo de vida –y muy inteligente– cuando llegué a Los Ángeles desde Dayton (Ohio), que fue orgulloso cinturón del acero y hoy es óxido.

¿Tan mal ve a su ciudad?

Cuando una ciudad solo fabrica una cosa, coches, y deja de hacerlo, se hunde en la desesperación. Hoy ya solo es la capital de la droga. Y allí fui muy desgraciado.

¿Familia pobre?

No al principio. Mi padre era médico de la Fuerza Aérea, y mi madre, secretaria. Pero mi padre un día sufrió un trastorno bipolar y comenzó a beber…

¿Usted sufrió su alcoholismo?

Recuerdo a mi padre apagando un cigarrillo en los pechos de mi madre. Pero seguíamos comprando montones de todo. En casa nadie ahorraba ni hacía números. Y acabamos comiendo de la beneficencia pública.

¿Gastaban, pero se arruinaban?

Como medio EE.UU. A los 18 años, dejé la universidad y me metí en una empresa donde empecé desde abajo y fui un crack vendiendo; antes de los 30 ya era jefe de ventas.

Eso es llegar muy joven.

Trabajaba día y noche. Como había pasado tantos apuros de niño, creía que ganar mucho dinero me salvaría de cualquier desgracia. Conseguí un sueldo de seis cifras y me mudé a un barrio de grandes piscinas, coches de lujo y más cuartos de baño que personas.

 

¿Siguió acumulando compras?

Como el que más. El hogar medio americano compra 300.000 objetos. Solemos tener, por ejemplo, máquina de hacer pan y cientos de herramientas sin usar en el garaje…

¿Por qué? O, mejor, ¿para qué?

Porque nos educan para sentir que comprar más cosas también es estar más completo y feliz. En mi casa había cucarachas, pero preferíamos verlas entre los trastos que seguíamos comprando que mudarnos. Mi ilusión de orden era organizar mis muñecos.

¿Consumimos más hoy que entonces?

¡Acabamos de empezar! En cuatro clics compras de todo; el crédito es barato; casi nadie tiene formación financiera, y te traen la compra a casa en horas. Y vuelves a preguntarte: ¿qué más me compro para sentirme mejor?

¿Y el marketing es cada vez mejor?

Como saben que estamos atiborrados de cacharros, ahora nos venden experiencias. No es una cena, sino la experiencia de lujo en pareja, amor; el mueble, confort; el coche, libertad; las vacaciones, familia…

¿No cree que a muchos les encanta?

Es la búsqueda compulsiva de felicidad, “the pursuit of happiness” de nuestra Constitución, pero a plazos y con agujero financiero. Para no acabar pobre e infeliz como mi familia, pregúntese: ¿cómo vivir más con menos?

 

¿No era esa ya la idea del movimiento hippy en los años sesenta?

Es que sigue vigente y la reivindico: más compra no es más bienestar, sino al revés.

¿Dónde está el límite de lo útil y empieza el dispendio?

Es una frontera que cada uno traza de forma personal; pero lo que predico es que todos hagamos el ejercicio de trazarla .

¿No querrá ser otra Marie Kondo?

Enseñar a librarte de tus trastos viejos es otra forma de consumismo, aun inverso. Yo no le doy una lista de lo indispensable: hágala.

¿Cómo?

Cada compra innecesaria es la manifestación de una necesidad profunda que usted no tiene cubierta: falta de afecto, de reconocimiento, de un trabajo con sentido…

¿Quién no tiene alguna?

¡Descubra esa carencia en su vida! Después ya le será fácil identificar lo que le sobra.

¿Cómo distinguir lo que es necesario?

Proponemos 16 reglas para no comprar sin sentido, pero se las reduciré a una…

¡Buen minimalista!

Todo cuanto tiene puede clasificarse en tres montones: esencial, no esencial o basura.

 

¿Qué es esencial?

Seguridad, comida, casa, transporte, ropa…Lo que debería mendigar si no tuviera.

¿Lo no esencial?

Por ejemplo, los muebles, que añaden valor a su vida, como esta mesa de café que adoro, pero son prescindibles.

¿A la basura con ellos?

Soy minimalista, no miserabilista, ni predico la pobreza. Por eso el ejercicio definitivo es el del tercer montón: identificar tu basura.

¿Cómo?

Si no la usa un día, dos, tres… meses, ¿no la echa de menos? Es que sobra: ¡a la basura!

¿Me arrepentiré?

En absoluto. También pasa con las relaciones humanas, amistades, trabajos, obligaciones… Haga la prueba y respirará mejor.

¿Lo que no falta sobra en tu vida?

Porque la felicidad no es algo que perseguir,
sino que descubrir. Cuando te conoces mejor, también tú la descubres.

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