Anti deprimirte y respetarte con la realidad - Viaje Iniciático

    • 13
      Mar

    Anti deprimirte y respetarte con la realidad

    25% de mujeres y 15% de hombres han tomado alguna vez, antidepresivos. Según el ministerio de sanidad de España se ha triplicado el consumo en los últimos 10 años.

    Saber aceptar mejor que dentro de la experiencia de la vida existe dolor y la poca tolerancia a la frustración hace que a menudo el sentirnos tristes (que no deprimidos) sea un motivo de buscar… y encontramos, soluciones rápidas (otro de los males de hoy=todofast, así nos enseñan, a ser productivos y efectivos con velocidad), el antidepresivo, con los síntomas colaterales que conlleva. A veces es muy útil pero muchas veces es tomado demasiado a la ligera.

    Películas con finales redondos, donde parejas ideales holiwoodienses exploran la relación y nos cautivan por belleza, emocionalidad, coraje, sentimientos, paisajes, romanticismos y experiencias anheladas en nuestro interior, nos provocan un desajuste interno. Lo que tengo respecto a lo que deseo se aleja de la realidad. No tenemos porque renunciar a querer más o que queramos sentirnos mejor, o sentir placer antes que dolor, claro. Pero sí comprender que a menudo lo real dista mucho de lo ideal. Tener esto en cuenta para evitar sentirnos frustrados con lo que Es, aquí y ahora.

    Hay quien al despertar (o al acostarse), sin querer ya busca lo que le falta en la vida (habitualmente una pareja que…., el dinero para…., que tal persona sea o haga….). Es aquí donde podemos rectificar, en nuestra mente, lo que con práctica, permitirá redirigir nuestra conducta. Y muy posiblemente puedas darte cuenta de que Sí, tienes mucho que está bien (más de lo que tu mente te permite percibir), dinero, bienestar, amigos/as y autovalía para vivir.

    Es cierto que el dinero también nos bloquea a menudo (¡materialistas!) Tenemos tanto para saborear, tenemos 10 veces más de lo que la mayoría de nuestros abuelos llegaron a tener (en posesiones) y si nos comparásemos con muchos que tienen menos, aun seríamos más ricos. Pero astutamente comparamos con los similares que tienen un poco más (o al menos eso aparentan). Así que nos lanzamos a disfrutar secuencialmente de todo lo que encontramos en el camino para nuestro bienestar. Rebajas de precio, oportunidades, promociones y tentaciones como si de los reyes magos se tratara (pobres reyes, ya sin ellos hay magia) Llenamos la casa, los armarios y nuestro vacío.

    Después de esa rápida ilusión vuelve la frustración. Volvemos a sentir lo que pretendíamos tapar con el hacer hacer y el comprar y hacer. Fuera bueno parar, absolutamente, un rato diario, para ver como estamos, como nos sentimos. Ahí de nuevo contactamos con algo que no marcha y con la falta de algo que nos lleva de nuevo a la carga: un helado o el chocolate (justo ahora que han rebajado la tasa de colesterol), un regalito de autoestima (¿a caso no me lo merezco?), un caprichito (Si no me lo doy yo quien me lo va a dar)… al fin y al cabo comer es una necesidad (¿Qué quieres, morir sin vivir o que?!)

    Y pasamos la vida refugiándonos en lo que podemos (¿como siempre se ha hecho?), vivir las experiencias que nos gustan y procurar no vivir las desagradables. Sustituirlas y compensarlas con las agradables (y efímeras). Cierto que a veces sirve y también se puede pasar la vida con ello. Pero aunque no es más fácil, si más maduro, se podría buscar el refuerzo interno, el sobrellevar esa carencia interior, buscar bienestar con lo que es, con lo que somos, con lo que hacemos. Aprender a ser optimistas en el aquí y ahora, que no significa no ser responsables (paso) de nuestra salud a largo plazo, de las facturas o de quienes nos son cercanos. Sobretodo, descubrir la grandeza de estar vivo con todo lo que ello está generando dentro de cada uno.

    ¿Hacemos mucho fuera y poco dentro?

    Después de todo habrá que “hacer” algo. Y nos lanzamos a retiros de espiritualidad, a conciertos de vanidad, televisión u whatsapp y comilonas de hermandad (gintonic incluido) que son fórmulas para seguir escapando de lo que me pasa, de lo que soy, de aceptarlo, evitando retar a esa frustración que con el tiempo dilapida pues aquí y ahora no me está bien.

    Nos falta gestión emocional, no nos enseñaron de ello en la escuela y ahora a aprender a toda prisa… para ser “más mejores…” Aprender a atravesar esos sinsabores que la vida también tiene, sin siempre recurrir al consumo (en cualquier formato). Enfrentarnos a esas primeras frustraciones que tuvimos en la niñez, la relación familiar, ese reclamo que aún estamos pidiendo a quienes nos rodean (¡quiero que sea como yo digo!).

    Podemos trabajar nuestro interior para saborearnos mejor con lo que somos, imperfectos sí, pero mejorables para acercarnos a nuestro Bien Estar, algo que con práctica se puede hacer extensible al estado de ánimo, ¿te animas? No es garantía de éxito peliculero, pero que algunos despertares tengan una visión más agradable con mayor sabor de vida puede ser una victoria, que con el tiempo se vuelva bienestar, aquí y ahora… y sino también puedes tomar un antidepresivo.

     

     

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